Túnez celebra la revolución de 2011 con los mismos problemas que la desataron

Túnez celebra la revolución de 2011 con los mismos problemas que la desataron

enero 13, 2018 Uncategorized 0

Varias mujeres ondean banderas nacionales durante la celebración del quinto aniversario de la caída de la dictadura de Ben Alí, en Túnez. EFE/Archivo

Túnez, 13 ene (EFE).- Los tunecinos conmemoran mañana el séptimo aniversario de la revolución que acabó con la dictadura y desató las “primaveras árabes”, asfixiados por los mismos problemas económicos que desencadenaron la revuelta y movilizados de nuevo en las calles para exigir una vez más justicia social.

Las manifestaciones, huelgas y protestas sociales se repiten sin cesar desde hace más de un año, pero se han recrudecido al inicio de 2018 con la entrada en vigor de los nuevos presupuestos generales del Estado, caracterizados por los recortes y la austeridad.

El martes pasado tomaron, además, un cariz violento después de que se conociera la muerte de un hombre de 55 años en la ciudad de Tebourna, a 40 kilómetros al oeste de la capital, víctima al parecer de la acción violenta de las fuerzas de seguridad.

Desde entonces, las noches se han llenado de vándalos que han atacado edificios públicos e incluso saqueado comercios, y los días de jóvenes manifestantes pacíficos que reclaman al Gobierno políticas distintas.

En su represión, las fuerzas de seguridad han arrestado a unas 800 personas, vándalos, pero también a periodistas y activistas, en una campaña de intimidación que han denunciado diversas organizaciones locales e internacionales de defensa de los derechos humanos.

“No vamos a ceder, digan lo que digan. Mañana el Gobierno va a ver la verdadera cara y la determinación del pueblo tunecino, de sus jóvenes, y del resto”, declaró hoy a Efe Ayoub Jaoudadi, portavoz del Colectivo “No olvidamos, no perdonamos” y de la plataforma “Fesh nastanneu?” (“¿A qué esperamos?”), motor de la renovada protesta.

En la misma línea se pronunció un representante del Frente Popular, partido de izquierdas al que el Gobierno acusa de animar los disturbios y que ha prometido proseguir con las movilizaciones pacíficas hasta que el Ejecutivo se retracte y anule los polémicos presupuestos.

Condicionada por las políticas de austeridad impuestas por el Fondo Monetario Internacional a cambio del crédito de 2.500 millones de euros concedido en 2016, la llamada “ley de Finanzas” incluye subidas de impuestos al comercio y a las personas físicas, recortes y despidos en la función pública, sin afectar apenas al capital.

Y aunque en principio no afecta a los productos subvencionados básicos, ha generado un terreno de especulación que ha desatado la inflación y dejado a decenas de familias sin posibilidad de comprar pollo o fruta.

En declaraciones a los periodistas, el ministro tunecino de Comercio, Omar el Bahi, recordó que las cuentas fueron aprobadas por el Parlamento, buscan reducir el déficit y en ningún momento el Gobierno va a dar marcha atrás.

“Hemos estado sujetos al efecto de ‘bola de nieve’ de los últimos siete años con el empeoramiento de la inflación, la deuda y una flagrante devaluación del dinar”, explicó durante una conferencia pública.

“Seguimos comprometidos con los presupuestos de 2018. No vamos a cambiar ni una coma”, señaló para descanso de los acreedores y desmayo de los que protestan.

En este ambiente de enfrentamiento político, despliegue policial, desencanto popular y frustración, se espera que cientos de miles de tunecinos desfilen por la emblemática avenida Habib Bourguiba, en el centro de la capital, y en otras ciudades del país en medio de un gran despliegue de cuerpos de seguridad.

Una situación económica y social que recuerda en mucho a la que se vivía antes de la revuelta de 2011, aquella que para muchos tunecinos y árabes en general supuso un rayo de esperanza que ahora poco a poco se desvanece y que ya flamea con menos fuerza en el país norteafricano.

“Sí, mañana voy a ir a la manifestación, como todos los años. Aunque nada cambie, al menos nos queda esa ilusión”, declaraba hoy Marwa Hani, una empleada pública de una localidad del norte de la capital.

“No hay alternativa. ¿Quien va a resolver esto? ¿Otro dictador como Ben Alí?”, se preguntaba. “Mucha gente dice que con él al menos había seguridad y un plato de comida, aunque fuera pasta. Pero eso no es digno. Queremos disfrutar, un futuro”, apostillaba.