Para salvar a Caracas, el resto de Venezuela se queda sin gasolina

Esta semana llenar el tanque de gasolina no tomaba más de dos minutos en la concurrida estación de servicio de Las Mercedes, en Caracas.

Poco duró el sobresalto de la semana anterior, cuando en la capital venezolana comenzó a repetirse la foto de kilométricas filas para surtirse de combustible que ocurren en el resto del país. De nuevo, la capital se salva o es “salvada” por el régimen de Nicolás Maduro, temeroso de que alguna protesta retumbe cerca del palacio presidencial de Miraflores.

Pero el círculo se cierra, cada vez más. A la escasez de combustible que comenzó a hacerse cotidiano entre los años 2015 y 2016 en estados como Táchira, Mérida y Trujillo -en los Andes venezolanos- y esporádicamente comenzó a sentirse en otras regiones como el estado Bolívar -al sur- o Lara -centro occidente-, luego de los apagones del mes de marzo de este año se repite en todo el país con total crudeza.

Cada día son decenas de videos y fotos y testimonios que dan cuenta de largas filas  para surtirse de combustible, que ahora en la provincia venezolana llega cada tres, cinco o siete días, cuando llega.

Fuentes consultadas por EL TIEMPO en Lara, Zulia y Bolívar dan cuenta de la acuciante espera por combustible y aseguran que ha empeorado considerablemente en las últimas dos semanas.

Hablar de escasez de gasolina en el país con las reservas probadas de petróleo más grandes del planeta (tasadas en unos 300.000 millones de barriles) no es un “fenómeno”, sino consecuencia directa del desmantelamiento de la industria petrolera del país.

Petróleos de Venezuela (PDVSA), que hace 10 años producía dos millones de barriles diarios de petróleo y sus planes apuntaban a explotar hasta seis millones en menos de un lustro, en marzo de este año reportó una producción de 740.000 barriles al día.

De esto, la mayoría salía del país para la exportación a Estados Unidos, algo que cambió radicalmente a partir de febrero con las sanciones impuestas por Washington a toda transacción con la estatal petrolera venezolana.

Desde entonces Venezuela ha tratado de diversificar mercados, pero todavía nada se compara con la entrada de dinero fresco que llegaba de Estados Unidos. El resto de la exportación va hacia China e India y todavía, a pesar de la crisis, Venezuela sigue enviando al menos 50.000 barriles de petróleo diarios a Cuba.

Es poco lo que PDVSA destina ahora para suplir el mercado local de combustible, y casi todo termina en Caracas.

Venezuela

Kilométricas filas, y a veces de días, se ven en las estaciones de servicio en las ciudades venezolanas por dueños de carros tratando de tanquear. Esta foto es en Maracaibo.

Foto:

Reuters

Mientras el diputado y economista José Guerra asegura que de los 200.000 barriles diarios que consume el mercado interno venezolano el régimen de Maduro está comprando unos 100.000 barriles diarios a productores extranjeros (a 85 dólares por barril, con lo que gasta 8,5 millones de dólares diarios) sobre los cuales no tiene ningún retorno, pues la gasolina venezolana, escasa o inexistente, sigue siendo la más barata del planeta, con un costo de 0.00006 bolívares por litro, equivalente a 0.01 dólar por cada litro.

“Venezuela no tiene como pagar estos cien mil barriles de gasolina importados del mercado internacional. Estos despachos han provenido de Rusia por Rosnef, y de India. Viene desde el Mar Negro en un viaje de más de 20 días”, precisa el diputado Guerra en una declaración pública.

Una vez pagué la gasolina con un huevo, mi papá tiene una caja de cigarros en el carro y paga con un cigarro cada tanqueo. Ah, y una vez le dejé al bombero una botellita de agua mineral

Una distorsión de ese tamaño, en hiperinflación, adquiere proporciones insólitas. Si llenar un tanque de 40 litros cuesta entonces 0.0024, no hay efectivo, no existen monedas y los billetes de baja denominación -de 2, 5, 10 y 50 bolívares- prácticamente no los acepta nadie, queda claro que en Venezuela la gasolina es prácticamente gratis y el “pago” se ha convertido en el sueldo de quienes manejan las máquinas dispensadoras, conocidos en Venezuela como bomberos.

Solo billetes de 100 bolívares en adelante (que son exactamente 0.01 dólar) o alguna otra mercancía es lo que se acepta. Se trata más de un pago simbólico que otra cosa. “Una vez pagué la gasolina con un huevo, mi papá tiene una caja de cigarros en el carro y paga con un cigarro cada tanqueo. Ah, y una vez le dejé al bombero una botellita de agua mineral, que en cualquier lado cuesta como 3.000 bolívares (medio dólar)”, explica un caraqueño que recién llenó el tanque de su camioneta.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Caracas

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