Una coronación a prueba de tiempos modernos. Al menos eso es lo que aspira a lograr el rey Carlos III, quien fue ungido este sábado como el soberano del Reino Unido y otras 14 naciones que siguen reconociendo a la monarquía británica como propia.

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Carlos III, junto con su esposa Camila, fueron coronados en la abadía de Westminster de Londres en un evento histórico cuyos orígenes se remontan a unos 1.000 años atrás.

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Sin embargo, mientras aún se ajusta la corona y el cetro, Carlos III, de 74 años, ya tiene sobre sus hombros el enorme reto de amoldar su reinado a la realidad de su país que enfrenta la peor crisis de costos de vida y un empobrecimiento de su ciudadanía con una inflación de 10,1 por ciento, la más alta en 40 años, con unas perspectivas de crecimiento nulas y una recesión latente.

Los críticos ven con escepticismo el suntuoso espectáculo de la primera coronación británica del siglo, cuyo costo estimado está por las 100 millones libras esterlinas (unos 579.000 millones de pesos colombianos). Algo que el propio Carlos entiende.

Por eso, el portavoz del Palacio Buckingham se apuró a asegurar que podrían ingresar a la economía del Reino Unido unos 1.000 millones de libras por cuenta de la coronación. Al tiempo, se realizaron ajustes en la programación y el protocolo para hacerla menos costosa.

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Por ejemplo, se redujo la duración de la coronación a solo una hora y media y se recortaron costos y ceremonias en comparación con la proclamación vivida en 1953 por la difunta Isabel II, que duró tres horas. Son tiempos muy distintos los del rey Carlos, quien tuvo que esperar más de 70 años para asumir su reinado. Todo un récord.

En contraste, Isabel II asumió la corona a sus 27 años y en plena posguerra con las esperanzas de los británicos puestas en una figura juvenil que siempre mantuvo una imagen reservada frente a la cotidianidad política de su país. En el Reino Unido desde hace dos siglos se convive con un sistema de monarquía parlamentaria, donde el rey no gobierna sino que mantiene un rol meramente protocolar y cuyo poder lo detenta el Parlamento.

Y tras el fallecimiento de Isabel II y el ascenso del nuevo rey se han reavivado las opiniones de quienes creen que la monarquía está obsoleta y solo representa costos para el erario público.

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Carlos III tras ser coronado como rey británico.

A remontar respaldos

Ese sentimiento antimonárquico lo reconoce el propio Carlos III, quien ha experimentado en incontables apariciones públicas ruidosas manifestaciones de rechazo contra la monarquía a la par de muchas muestras de apoyo al nuevo reinado. “Carlos no es mi rey”, se repite como un mantra en las marchas que rodean el Palacio de Buckingham.

Eso también se ha visto reflejado en las encuestas de opinión de la prestigiosa consultora YouGov que hablan de una caída al 58 por ciento de respaldo a la monarquía, en comparación con más de 74 por ciento durante los últimos años de Isabel II.

Remontar la popularidad es tal vez es el mayor reto que tiene el rey Carlos III

Esa tendencia negativa se siente más entre los jóvenes, entre quienes solo el 32 por ciento apoya a la Corona.

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“Remontar la popularidad es tal vez es el mayor reto que tiene el rey Carlos III”, aseguró a EL TIEMPO el destacado experto constitucional Vernon Bogdanor, para quien el monarca tiene la tarea de entablar un diálogo con el pueblo y convencerlo de que está a tono con sus problemas y preocupaciones.

Los reyes, en la procesión rumbo al Palacio de Buckingham.

El rey Carlos es muy consciente de la necesidad de ser menos franco. “No soy tan estúpido. Me doy cuenta de que ser soberano es un ejercicio aparte”, dijo en una entrevista con la BBC en 2018. “La idea de que de alguna manera voy a continuar exactamente de la misma manera es una completa tontería”.

El país sobre el que reinará el rey Carlos es mucho más diverso que el heredado por su madre, y el profesor Bogdanor anticipa que el nuevo rey llega a un Reino Unido multicultural y multiconfesional.

“Carlos intentará actuar como una fuerza unificadora, haciendo esfuerzos más visibles para conectarse con las minorías étnicas y los grupos desfavorecidos”, asegura el experto. Algo que se trató de reflejar en la ceremonia de coronación con la inclusión de invitados de organizaciones y grupos variopintos.

Desde días antes del gran evento, cientos de fanáticos aseguraron su puesto.

Foto:

EFE/EPA/CATHAL MCNAUGHTON

El contraste de la riqueza

La imagen de cómo se ve la riqueza de la Familia Real es un factor que parece estar en la agenda por resolver del rey Carlos, quien también sabe que su fortuna divide a los británicos en momentos en que la pobreza alcanza a cerca de 15 millones de personas en este país de 67,3 millones de habitantes, según las estadísticas oficiales del gobierno.

La sola fortuna privada del rey Carlos está estimada en 1.800 millones de libras esterlinas, incluyendo automóviles, joyas, propiedades, inversiones, caballos, estampillas raras, arte y un patrimonio hereditario, según cifras manejadas por el diario The Guardian.

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El malestar por ese contraste se ve en las encuestas recientes. Si bien el 54 por ciento de las personas consultadas dice que la monarquía representa un buen valor, destaca un 40 por ciento del grupo más joven encuestado entre 18 y 24 años quienes creen que la monarquía tiene una mala relación calidad y precio.

“La cantidad de palacios es absurda. Francamente necesitas un palacio para eventos de estado (el Palacio de Buckingham) y tal vez otro para cuando quieran retirarse”, dice el exministro del partido Liberal Demócrata y crítico de la financiación de la familia real Norman Baker.

También destaca lo que, según él, es un uso excesivo de helicópteros y aviones privados cuando el Rey está “dando lecciones a la gente sobre el cambio climático”.

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Tales acusaciones son rechazadas por Lord Nicholas Soames, un amigo del rey durante muchos años, quien dice que usar un helicóptero solo sería para un “muy buen propósito” en los deberes públicos.

La reina Camila tras recibir su corona como nueva monarca.

Monarquía reducida

Una de las misiones que se ha empeñado Carlos es ajustar la monarquía a los nuevos tiempos, pasando por reducir el círculo de miembros de la realeza con funciones activas.

Eso ya lo ha dejado en claro al hacer un mayor énfasis en un grupo central más pequeño de miembros de la realeza que trabajan con Carlos, su esposa Camilla, el heredero directo al trono, el príncipe Guillermo y Cáterin en el centro.

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Algo que la propia hermana del rey, la princesa Ana, se atrevió a cuestionar públicamente la semana pasada durante una entrevista otorgada a medios canadienses. “Reducir la monarquía no es una buena idea”, dijo la princesa al dejar entrever que los cambios en la Corona no dejan de limitarla.

“Pero quisiera subrayar que la monarquía proporciona con la constitución un grado de estabilidad a largo plazo que en realidad es bastante difícil de conseguir de otra manera”, apuntó Ana.

La cantidad de palacios es absurda. Francamente necesitas un palacio para eventos de estado (el Palacio de Buckingham) y tal vez otro para cuando quieran retirarse

Eso lo ratifica la comentarista real Victoria Murphy para quien el mensaje primordial del nuevo reinado será la continuidad y la estabilidad. A su juicio no debe esperarse grandes diferencias discordantes. “El rey será muy cuidadoso”.

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Además, se prevé un mayor patrocinio real de las artes, la música y la cultura: más Shakespeare y menos carreras de caballos, el deporte favorito de la difunta reina Isabel II, según el profesor Bogdanor.

Lo que sí da por descontado es que se mantenga en la lista de temas preferidos de la agenda de Carlos III es el cambio climático y la agricultura orgánica, según Sir Lloyd Dorfman, quien trabajó con el rey Carlos durante muchos años en su organización benéfica Prince’s Trust. “Tiene mucho conocimiento, es muy efectivo”, sugiere Sir Lloyd.

Los miembros de la familia salen a saludar al balcón del Palacio de Buckingham.

Guillermo, el heredero

Guillermo, el príncipe de Gales e hijo mayor del Rey Carlos III y de la difunta princesa Diana, es visto como la garantía de continuidad de la monarquía británica.

Casado con Caterina y con tres hijos, Jorge, Carlota y Luis, Guillermo, de 40 años, es miembro de la realeza que más simpatía atrae por su trabajo en apoyo a la salud mental y otros cientos de iniciativas de caridad.Su estilo relajado y de sonrisa franca le dan las patentes para servirle al monarca de “puente” frente a la nueva generación de británicos que crecieron viendo su figura y la de su hermano Enrique en el centro de atención de los medios desde el trágico fallecimiento de Diana en agosto de 1997.

Fue muy simbólico que Guillermo fuese es el único miembro de la familia real que honrara al rey Carlos durante el servicio de coronación.

MARÍA VICTORIA CRISTANCHO
PARA EL TIEMPO
LONDRES

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