Así funciona la compra de votos en Paraguay: ‘Es como si fuéramos animales qué comprar’

La comunidad indígena de Espinillo está a 21 kilómetros de la casilla electoral más cercana —y nadie tiene auto.

Entonces, en la víspera de las elecciones de Paraguay, que se realizaron el 30 de abril, Miguel Paredes, un conductor de ambulancias jubilado convertido en político local, subió a las familias indígenas a un autobús y las bajó a poca distancia a pie de las urnas. “Queremos cuidarlos”, dijo, haciendo guardia con seis hombres a los que llamó colegas.

Luego, después del anochecer, The New York Times descubrió una exhibición flagrante de la compra de votos.

Paredes, de 65 años, y sus colegas reunieron a algunos de los indígenas y anotaron sus números de identificación. Les dijo que debían votar por el Partido Colorado —la fuerza dominante de derecha en Paraguay, y que se aseguraran de que otros también lo hicieran. Los hombres les mostraron cómo usar las máquinas de votación de Paraguay, guiándolos para votar por los candidatos de Colorado.

Con los periodistas de The Times al alcance del oído, Milner Ruffinelli, uno de los hombres, hablaba guaraní, el idioma indígena. “Ese dinero que te prometieron, ahí está, y Miguel Paredes va a ver cómo te lo hace llegar”, dijo. “No podemos darte nada aquí. Sabes por qué”.

La democracia está siendo puesta a prueba en todo el planeta. En algunos países, los líderes han atacado las instituciones democráticas, incluyendo en Estados Unidos, Turquía, Brasil y México, mientras que en otros lugares han trastornado el proceso democrático por completo, como en Rusia, Venezuela y Nicaragua. Pero en muchas naciones, una amenaza diferente aqueja a las elecciones libres y justas: la compra de votos.

Los partidos políticos en México han repartido tarjetas de regalo y víveres. Los observadores electorales en Filipinas dijeron que la votación del año pasado estuvo plagada de “compras flagrantes de votos”. En febrero, un político en Nigeria fue atrapado con 500 mil dólares y una lista de posibles destinatarios en la víspera de las elecciones nacionales. El mes pasado en Paraguay, una nación de 7.4 millones de habitantes en Sudamérica, The Times fue testigo de cómo representantes del gobernante Partido Colorado intentaban comprar los votos de los indígenas, y más de una docena de indígenas dijeron en entrevistas que habían aceptado dinero.

Un candidato de Colorado a Gobernador entregó personalmente 200 mil guaraníes por persona, o casi 30 dólares, a más de 100 electores indígenas fuera de una casilla electoral, de acuerdo con entrevistas con cinco indígenas que aceptaron el dinero. Esa cantidad es equivalente a las ganancias de varias semanas para los más pobres de Paraguay.

Néstor Rodríguez, jefe de la comunidad indígena tomáraho que recibió el dinero, dijo que era procedimiento estándar. “Es sólo para comprar ropa y cosas para tu familia”, dijo. Él votó por Arturo Méndez, el candidato de Colorado, debido a promesas de trabajo y un nuevo camino, dijo.

Méndez ganó cómodamente. En una entrevista, admitió haber dado dinero a la gente, pero dijo que era sólo porque necesitaban comida y ropa, y el Gobierno los había olvidado. “Sí, los ayudamos, pero no para inducir su voto”, dijo.

Pagar a la gente para que voten de cierta manera es ilegal en Paraguay.

Antes de las elecciones del mes pasado, trabajadores del partido se dispersaron por el Chaco, una región vasta y árida. Los trabajadores subieron a personas a los autobuses, las llevaron a sitios cercados y las atiborraron de carne y cerveza hasta la votación, afirman observadores electorales, activistas e indígenas. El objetivo es controlar una comunidad antes de que lo haga un grupo rival.

El día de las elecciones, los trabajadores del partido pagaron a los indígenas por sus tarjetas de identificación —impidiéndoles votar— o los llevaron en autobús a las urnas y les entregaron dinero en efectivo.

Es como si fuéramos animales qué comprar”, dijo Francisco Cáceres, de 68 años, miembro del grupo indígena qom.

Entre los paraguayos, la compra de votos es un secreto a voces. “Es casi como que sin ello, no es una elección”, dijo el Padre José Arias, sacerdote católico que desalienta a su rebaño a vender sus votos. “La gente está de acuerdo en teoría”, dijo. “Pero muchos de los que están de acuerdo también aceptan” los sobornos.

Paredes y Ruffinelli dijeron no estar entregando sobornos. El Partido Colorado pagó el autobús, así como el pollo, los fideos y el aceite de cocina que le dieron a la comunidad, dijeron. Pero estaban allí porque habían construido relaciones con el tiempo, dijeron, y estaban promoviendo a los candidatos de Colorado porque eran los mejores.

Todos eran libres de votar como quisieran, dijo Ruffinelli, pero esperaba que votaran por Colorado. “Ya lo prometieron”, dijo.

JACK NICAS
THE NEW YORK TIMES

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *