LONDRES – Cuatro mujeres con monos de lamé dorados, caras pintadas y diademas florales saltaban en tándem, con las espinillas adornadas con campanillas plateadas. Las manos —cada una sujetando un pañuelo blanco— cortaban el aire sobre sus cabezas. Dos enormes bestias de papel maché —una oveja y un búho— eran manipuladas para bailar al borde del escenario. La alegría irradiaba de los rostros de las bailarinas. La multitud gritaba. Pero, ¿qué era este espectáculo?
Las mujeres, parte de la compañía femenil Boss Morris, estaban realizando el Morris Cotswold, una danza folclórica inglesa a menudo blanco de burlas que estaba teniendo un raro momento en el escenario del proscenio del Southbank Centre de Londres, en mayo.
Pero este no era el baile Morris como se ha realizado durante siglos. “Nos volvemos un poco locas”, dijo Rhia Davenport, miembro del Boss Morris.
La danza Morris, una forma folclórica interpretada con música en vivo (violines, concertinas, melodeones), estuvo durante años relegada a la Inglaterra rural, la provincia de aficionados apasionados, en sintonía con una historia heredada. “Pruébalo todo una vez —salvo el incesto y el baile Morris”, dice un dicho popular en Inglaterra.
Pero ahora el Morris, durante mucho tiempo un ejemplo de excentricidad británica, se está abriendo a bailarines más jóvenes que lo abordan como una tradición viva. Para algunos, esto significa explorar formas de reinterpretarlo. Y para otros, significa perfeccionar una técnica antigua.
Se cree que la danza Morris comenzó como una forma de entretenimiento en la corte real en el siglo 15. Con el tiempo, se convirtió en dominio exclusivo de los hombres de clase trabajadora. El baile de cada pueblo es diferente del siguiente.
“Alguna vez hubo un canon ortodoxo sobre lo que era la danza Morris”, dijo Michael Heaney, autor del reciente libro “The Ancient English Morris Dance”. “Eso está cambiando. Los bailarines más jóvenes son mucho más libres en su interpretación de cómo es el Morris”.
Un colectivo menos ortodoxo es Folk Dance Remixed, que ha impartido talleres en la Royal Opera House. Su pieza distintiva —”Step Hop House”— se baila como una “conversación entre el Morris Cotswold, la capoeira y el hip-hop”, dijo Natasha Khamjani, cofundadora de la compañía. “Esos tres estilos son altamente aeróbicos. La mayor parte del tiempo intentas hacer que los bailarines vuelen. Es mucho trabajo”.
Kerry Fletcher, la otra cofundadora de Folk Dance Remixed, dijo que cuando la compañía comenzó a explorar los vínculos entre las formas, en el 2010, “nos sorprendió descubrir que los pasos de baile del Morris se parecen a los que surgieron del hip-hop en la escena de la costa este” de Estados Unidos.
Damien Barber es director de Demon Barbers, otra compañía que investiga la relación entre el baile Morris y el hip-hop. Su espectáculo insignia, “The Lock-In”, se estrenó en el Festival Fringe de Edimburgo. Realizada con una banda folklórica, la pieza incluye una viñeta en la que un bailarín realiza un salto Morris seguido de una lánguida caída al suelo y luego comienza a bailar break dance.
Del otro extremo del espectro están los interesados en la fidelidad a la forma, como Alun Pinder, un analista de datos de 28 años.
“En lo que respecta a la danza Morris, soy un gran esnob”, dijo. “Probablemente hay tres compañías en todo el País que están a la altura de los estándares que deberíamos intentar alcanzar”. (Hay aproximadamente 800 grupos Morris nacionales activos).
De acuerdo con la estimación de Pinder, su grupo, Fool’s Gambit, un colectivo que actúa la mayoría de los fines de semana en todo el País, figura entre esos tres primeros.
“Buscamos elevar el estándar, pero mantenernos fieles al corazón de lo que es el Morris —un baile comunitario”, aseguró otro miembro, Charlotte Dover, de 31 años y burócrata.
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