Este lunes, justo al frente del monumento a Abraham Lincoln en Washington, apareció una escultura que, en cuestión de horas, pasó de ser una curiosidad a un fenómeno entre los turistas que recorren la capital estadounidense en plena temporada de los cerezos en flor.

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La pieza no es precisamente solemne. Se trata de un inodoro pintado de dorado, montado sobre una base que imita el mármol y rodeado por una estructura que se asemeja a un antiguo sitial.

En los costados, una placa lo describe como “un trono digno de un rey”.

Una sátira en el corazón del poder

La instalación es una crítica directa al presidente Donald Trump y juega con dos ideas que han marcado su segundo mandato. Por un lado, la reciente remodelación del llamado “baño Lincoln” en la Casa Blanca, anunciada en octubre, en la que se reemplazaron elementos de los años cuarenta por acabados en mármol pulido y accesorios dorados.

Protestas ‘No Kings’ contra Donald Trump en Estados Unidos el pasado 28 de marzo. Foto:AFP

Por otro lado, la percepción entre sus críticos de que el mandatario se comporta como una figura monárquica, una narrativa que ha cobrado fuerza en las vísperas de las marchas convocadas bajo el lema “No Kings Day”.

El texto que acompaña la obra ironiza precisamente sobre eso. En medio de “división sin precedentes, conflictos crecientes y turbulencia económica”, dice, el presidente se ha concentrado en lo que “realmente importa”, elevando esa remodelación a una suerte de logro emblemático.

El tono satírico se refuerza con detalles como un rollo de papel higiénico disponible para los visitantes, cada hoja marcada con el nombre del colectivo detrás de la pieza.

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Ese colectivo, que se hace llamar Secret Handshake, no es nuevo en este tipo de intervenciones.

En los últimos 16 meses, ha instalado al menos una docena de esculturas y montajes en el National Mall, todos con mensajes políticos dirigidos a Trump y a su entorno.

Entre los más comentados está una estatua que recrea una escena de la película Titanic con el expresidente abrazando al pederasta Jeffrey Epstein, así como otra titulada ‘Best Friends Forever’ (Mejores Amigos para Siempre), en la que ambos aparecen tomados de la mano en actitud casi infantil.

También se le han atribuido piezas como una escultura de excremento sobre el escritorio de la expresidenta del Congreso Nancy Pelosi, que hace alusión a la toma del Capitolio del 6 de enero de 2021, o una antorcha que evocaba la marcha supremacista de Charlottesville, Virginia, en agosto de 2017, que terminó en violencia y marcó un punto de inflexión en el debate sobre el extremismo en Estados Unidos.

Algunos paran, se sientan en el trono, toman fotos y siguen su camino. Foto:Sergio Gómez Maseri. Corresponsal de EL TIEMPO – Washington

¿Cómo opera el grupo?

El grupo opera como una especie de “guerrilla artística”. Sus integrantes se mantienen en el anonimato y, según han explicado en entrevistas, utilizan intermediarios para obtener permisos ante el Servicio de Parques Nacionales, la agencia federal encargada de administrar el Mall.

El proceso, en teoría, es relativamente abierto. Cualquier persona o entidad puede solicitar un permiso para realizar una manifestación o una instalación temporal, siempre y cuando cumpla con los requisitos logísticos y de seguridad.

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Lo clave es que el servicio no evalúa el contenido del mensaje, sino aspectos operativos. Eso ha permitido que este colectivo, a través de terceros o nombres que luego resultan ser poco rastreables, logre la autorización formal para montar las estructuras sin revelar quién está realmente detrás.

Ni las autoridades ni los medios han logrado, hasta ahora, establecer la identidad de los artistas.

Donald Trump durante la cumbre ‘Escudo de las Américas’. Foto: AFP

En algunos casos, un vocero ha contactado a periodistas desde teléfonos desechables, confirmando su autoría pero negándose a dar nombres o detalles.

“Queremos que la atención esté en las obras, no en nosotros”, dijo uno de sus miembros en conversación telefónica con The Washington Post el año pasado. Según explicó, la intención es generar conversación en un momento político oscuro que describen como, pero hacerlo con una dosis de humor e ironía.

La Casa Blanca se pronunció

La reacción en la Casa Blanca, por supuesto, no se hizo esperar. Un portavoz señaló que el presidente está enfocado en “hacer de la Casa Blanca y de la capital un lugar más hermoso que nunca” y en cumplir las promesas para las que fue elegido, sin referirse directamente al contenido de la instalación.

La escultura, como se esperaba, ha suscitado diversas reacciones. Algunos paran, se sientan en el trono, toman fotos y siguen su camino.

“Esto es exactamente lo que representa este país, la libertad de expresión”, le dijo a este diario Mark Rick, un joven de Maryland que vino a la ciudad para contemplar los cerezo florecidos.

Maniquí durante protesta contra Donald Trump en Estados Unidos. Foto: AFP

Para otros, simpatizantes de Trump, es un insulto que deteriora la imagen de la ciudad.

“Uno viene de visita para contemplar los monumentos históricos y se encuentra con esto. Quizá está bien que lo pongan en un museo u otro lugar, pero no en la mitad del Mall junto a las estatuas de Lincoln y Jefferson”, dice Tammy Kipp, que viajó desde Nueva York.

SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington 

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