Cualquier observador desprevenido podría creer que el ambiente que rodea la nueva edición del Foro Económico Mundial –que comenzó formalmente al caer la noche de ayer en Davos– debería ser festivo. A fin de cuentas, la recesión generalizada que tantos expertos pronosticaron hace un año no tuvo lugar y los niveles de empleo en las naciones más ricas se mantuvieron elevados.
Como consecuencia, mercados de valores como los de Tokio o Nueva York han repuntado en semanas recientes. Los especialistas subrayan que las cosas salieron bien, a pesar de que en los últimos meses las tasas de interés internacionales subieron con fuerza ante un rebrote inflacionario que ahora parece estar bajo control.
Por tal motivo, sorprende que los ceños fruncidos y el pesimismo sean la nota predominante en la que se describe como la élite del capitalismo. Así se desprende de un par de reportes que sirvieron como abrebocas a la cita que congrega a unos 2.800 delegados en la que usualmente es una apacible población, famosa por sus pistas de esquí, en este rincón de los Alpes suizos.
«Cada vez es más
grande la percepción
de un planeta partido en bloques, que da lugar a restricciones
en el comercio».
Dudas y más dudas
El primero es el Reporte de Riesgos Globales, en el cual la visión predominante frente al futuro cercano es negativa. Las razones son varias, pero dentro de las principales aparece un orden mundial inestable “caracterizado por narrativas polarizantes e inseguridad”, junto a temores por cuenta del aumento en las temperaturas en el planeta y la incertidumbre económica.
Una inquietud que aparece de manera notoria en el panorama está relacionada con la desinformación, alimentada por el desarrollo de la tecnología y las comunicaciones. También se asoma la posibilidad de más conflictos armados, que se suman a las tensiones geopolíticas conocidas.
Tales elementos pesaron igualmente en el ánimo de los economistas que lideran los departamentos de análisis en un buen número de multinacionales y universidades de primer orden. Si bien hay algo de optimismo, este es cauteloso, pues la percepción es que hay fuentes de inestabilidad que comienzan con divergencias regionales que vienen ampliándose.
En concreto, 56 por ciento de los técnicos encuestados piensan que la economía tenderá a debilitarse en los meses que vienen, tanto en lo que corresponde a los mercados laborales como a las condiciones financieras. Una proporción todavía mayor –69 por ciento– considera que el ritmo de fragmentación geoeconómica va a acelerarse y mostrará disparidades crecientes entre los países.
Puede sonar como una visión minoritaria, pero el hecho de que 36 por ciento de los sondeados piensen que habrá rupturas en las cadenas globales de valor, suena como un campanazo de alerta. Cada vez es más grande la percepción de un planeta partido en bloques, que da lugar a restricciones en el comercio.
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Remedios sobre la mesa
Semejante impresión, sin duda acabó siendo determinante para definir los ejes centrales de un evento que se extenderá hasta el próximo viernes y en el cual intervendrán más de 300 altos dignatarios, entre jefes de Estado y de Gobierno, ministros y directores de los principales organismos multilaterales. Además, expertos reconocidos, tanto de las universidades más reconocidas como del sector privado, participarán en decenas de paneles que girarán alrededor de cuatro temas centrales.
El primero es conseguir la seguridad y asegurar la cooperación en un mundo fracturado. No hay duda de que la situación en el Medio Oriente hace más urgente ese objetivo, dada la actitud de Irán y la presencia de milicias con un gran poder ofensivo ya sea en el Líbano o Yemen.
Pero la sin salida de Ucrania también está en la lista de dolores de cabeza pendientes de solución. De hecho, el domingo tuvo lugar en Davos una reunión en la que participaron más de 80 países que hablaron sobre las alternativas para dejar atrás la confrontación más grave ocurrida en Europa desde el final de la Segunda Guerra mundial.
Un segundo eje en las deliberaciones es el de crear crecimiento y empleos para una nueva era. Para nadie es desconocido que la revolución tecnológica viene acompañada de muchas oportunidades al abaratar procesos y mejorar eficiencias, pero también con costos potenciales en el campo laboral.
De tal manera, herramientas como la automatización, el uso de robots y los algoritmos –entre otros avances– amenazan a decenas de profesiones y oficios. Si bien los reportes del propio Foro Económico señalan que se acabarán creando más plazas de las que desaparecerán, la transición puede ser más o menos dolorosa, dependiendo de su velocidad o la capacidad de diferentes sociedades para reentrenar a sus respectivas fuerzas de trabajo.
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Como tercer aspecto aparece un punto relacionado con la cuarta revolución industrial, pero que ya merece un espacio aparte. Se trata de la inteligencia artificial, que a causa de su capacidad incremental de incorporar más información y elementos predictivos es vista a la vez como progreso y amenaza. De ahí que el dilema sea convertirla en una fuerza para el bien, algo que involucra tanto debates como eventuales regulaciones por parte de los Estados.
Tampoco podía faltar en el programa lo relacionado con cambio climático, naturaleza y energía. No obstante los avances en el ámbito multilateral o las inversiones cada vez mayores en la generación de electricidad a partir de fuentes sostenibles, todo sugiere que no se ha hecho lo suficiente para contener el alza en las temperaturas, con los impactos que ello ocasiona.
Así las cosas, el lema de la cita de este año en Davos habla por sí solo: reconstruir la confianza. Esa es una condición necesaria para que la humanidad sea capaz de trabajar de manera coordinada en la solución de sus grandes desafíos, algo que hoy tiene mucho de utopía.
Quizás por ello tengan razón aquellos que ven el vaso medio vacío y no medio lleno. Más allá de que el ambiente alpino sea igual al de todos los años, el tono de preocupación es más evidente que en otras ocasiones. Falta ver si en estos cuatro días que vienen esa percepción cambia o se reafirma.
Inaugurar la Casa Colombia, entre la agenda del Presidente
Quienes saben del asunto aseguran que es el lugar de la tierra donde la finca raíz es la más costosa, al menos durante unos días al año. Se trata de un tramo de la avenida Promenade de Davos (Suiza), el sitio donde algunas de las marcas más conocidas del capitalismo buscan tener presencia para llamar la atención de una población flotante, caracterizada ya sea por su influencia o su poder económico.
También hay naciones que agitan o han agitado su bandera, usualmente de Asia, África o el este de Europa. En el pasado, para citar un ejemplo cercano, México ocupaba un espacio privilegiado en la misma calle.
Ahora el turno le llegó a Colombia, que en el número 49 de Promenade aparece con una colorida fachada que destaca al “país de la belleza”. No hay duda de que esa presencia le da calidez a los transeúntes que caminan los andenes con nieve.
Siempre se discutirá si los costos de alquilar el espacio y adecuarlo es algo que vale la pena. No falta quien diga que ya existía alguna visibilidad, pues en los puestos de café ubicados en el Centro de Congresos el grano colombiano es el escogido.
En respuesta, el argumento es que eso es algo que Procolombia hace con frecuencia. En la reciente cumbre del clima en Dubái también se promocionaron nuestras riquezas naturales.
Hay otras consideraciones. El espacio, aunque pequeño, es acogedor y sirve para recibir a grupos de personas. Eso tiene planeado el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, quien programó una reunión en la mañana de hoy, al igual que el ministro de Comercio, Germán Umaña, que encabezará un desayuno con inversionistas mañana.
Si bien las instalaciones estaban operando ayer, su apertura formal tendrá lugar en la mañana de hoy una vez Gustavo Petro llegue a Davos. De tal manera, la agenda oficial comenzará apenas la comitiva llegue a la población alpina después de haber aterrizado en Zúrich. Además de la presentación de la Casa Colombia, el Presidente está invitado a un panel sobre la Amazonia, con la participación –entre otros– de la cabeza del Banco Interamericano de Desarrollo, Ilan Goldfajn, y la ministra de Ambiente de Brasil, Marina Silva.
A esa cita pública le seguirán encuentros bilaterales y compromisos a puerta cerrada. Los actos abiertos al público continuarán mañana en la mañana, en un coloquio sobre el momento por el que pasa América Latina.
No obstante, el plato fuerte se servirá unas horas más tarde en el gran salón del Centro de Congresos. El motivo es una conversación sobre “el cisma entre el norte y el sur” en la que estarán Bill Gates, el fundador de Microsoft; así como Paul Kagame, el presidente de Ruanda; el primer ministro de Holanda, Mark Rutte, y la directora general de la Organización Mundial de Comercio, Ngozi Okonjo-Iweala.
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Ante la ausencia de otros líderes latinoamericanos que pensaron en hacerse presentes en Davos, como la presidenta del Perú, Dina Boluarte, y el de Ecuador, Daniel Noboa, a Colombia le queda el escenario casi totalmente despejado. La presencia de al menos cinco ministros –Hacienda, Minas, Comercio, Ambiente y Cancillería– supera lo visto en épocas anteriores.
Falta ver, sin embargo, si la llegada de un invitado que nadie ha visto aún se roba la atención. Javier Milei hará una intervención mañana, en el que será su único acto público. Varios de sus ministros del área económica tendrán un conversatorio con la prensa y, según alguien informado, adelantarán una intensa agenda en privado.
Dentro de los hispanohablantes se ha especulado si ambos mandatarios –cuyas diferencias son conocidas– podrían encontrarse en alguno de los corredores. Aunque es posible, todo indica que a Gustavo Petro por ahora solo le interesa hablar con un argentino: el papa Francisco, quien lo recibirá en Roma una vez termine el Foro Económico Mundial.
RICARDO ÁVILA. EL TIEMPO.

