El detras de cámaras de la audiencia a Aida Merlano en Caracas

Antes de las 9:00 de la mañana de este jueves 6 de febrero había que confirmar asistencia a una convocatoria con la etiqueta de “urgente” que envió el Ministerio para la Comunicación e Información (Minci) de Venezuela.

No decía más que: declaraciones sobre el caso de Aida Merlano, a las 10:00 de la mañana, en el Hotel Gran Meliá Caracas.

Aunque se desconocía quién sería el vocero, el asunto era más que suficiente para atraer a los corresponsales de medios colombianos, entre otros internacionales y algunos locales.

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Con la aprobación del equipo del Minci, cerca de 50 trabajadores de la prensa se dieron cita en un salón del mismo hotel al que, esa noche, llegaría el canciller ruso, Serguéi Lavrov. Y mientras en el lobby llevaban a cabo todos los preparativos para recibirlo, en el pequeño salón y sus inmediaciones los periodistas disfrutaban de una merienda con café, cortesía de los organizadores, y elucubraban sobre la pauta a la que se enfrentaban.

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Todos habían visto afuera un autobús rojo de la marca china Yutong, predilecta del régimen chavista.
―Nos llevarán a tribunales ―predijo un productor.
―¿A qué? ―contestó una periodista, al tiempo que acotó que era muy pronto para la audiencia de presentación.

En cualquier caso, los actos judiciales, en ese país, se suelen llevar con el mayor hermetismo.

Pasadas las 10:00 de la mañana, se despejaron parcialmente las dudas: sí habría un traslado, aunque aún no estaba definido el sitio. Algunos colegas llegaron a imaginar que sería al temido Helicoide, la sede de la policía política (Sebin) en la que está recluida la excongresista Merlano.

No parecía improvisado

Parecía que la planificación se estaba haciendo sobre la marcha. Pero los hilos para esta actividad se habían estado moviendo desde antes.

Hubo facilidades para que los periodistas pudieran llevar sus teléfonos celulares y se suministró todo el material gráfico y audiovisual para complementar la cobertura.

Poco antes del mediodía finalmente se conoció cuál sería el destino: el Palacio de Justicia. Pero los periodistas seguían sin conocer qué harían allí. Solo sabían que Merlano estaría en este lugar.

Los asientos del autobús resultaron insuficientes para albergar a las cerca de 50 personas, que se aglutinaron en los pasillos para hacer el recorrido de más de 5 kilómetros hasta la sede del Poder Judicial. Una vez allí, se informó a camarógrafos y fotógrafos que no podrían ingresar.

Aida Merlano

Aida Merlano habla durante la audiencia especial en Caracas, el jueves.

Tras esperar varios minutos afuera, los 32 periodistas que quedaron fueron entrando en grupos de ocho al Palacio de Justicia, un espacio usualmente restringido para la prensa, que debe esperar a abogados y familiares para que den las declaraciones afuera de las instalaciones.

Adentro, en el piso 6, se había dispuesto una barrera movible a mitad del pasillo, que prohibía el acceso de la prensa hacia la sala 6. En esa misma sala ya se habían sentado, como imputados, el aguerrido diputado opositor Juan Requesens y sus compañeros de la causa del atentado fallido contra Nicolás Maduro, entre otros.

Pero esta vez el piso no estaba tomado por decenas de funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), como cuando van ellos. Solo había dos de ellos y también unos pocos efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), encabezados por el teniente coronel Malaguera Hernández, encargado de la seguridad del Parlamento venezolano, y quien se dio a conocer a principios de este año por impedir el acceso al líder opositor Juan Guaidó y demás diputados opositores al Palacio Legislativo.

Chavistas conocidos

La primera “personalidad” en desfilar ante los periodistas la tarde de este jueves, en los tribunales venezolano, fue la presidenta del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, Evelin Mendoza, quien sin problemas cruzó la barrera e ingresó hacia la sala 6. Afuera no se sabía qué tipo de audiencia se llevaría a cabo.

A las 2:00 de la tarde, los empleados de ese piso fueron abandonando sus puestos de trabajo. “Nuestro horario de salida es después de las 4 pero hoy tenemos órdenes de desalojar el piso”, confirmó uno de ellos. Poco después, mientras un perro de la policía política olfateaba las pertenencias de los periodistas, estos fueron notificados de que se llevaría a cabo una “audiencia especial” a solicitud de la imputada, y que la prensa participaría en calidad de testigo.

“Quiere ser escuchada”, fue la única explicación. La prensa, mientras tanto, revisaba los instrumentos legales para conocer qué tipo de audiencia sería esta. Verificaron que, efectivamente, estaba contemplada en el Código Orgánico Procesal Penal. Pero no dejaba de ser llamativo que a Merlano se le diera la oportunidad de ser escuchada, que tanto se les ha negado a tantos presos políticos venezolanos.

A las 3:00 de la tarde la excongresista apareció en el pasillo. No venía de las mismas escaleras por las que llegan los presos políticos, sino de uno de los extremos. Y no era la única diferencia. Lejos de lucir como ellos, parecía recién salida de un salón de belleza. Llevaba puesto un pantalón ceñido de semicuero, botas de tacón de aguja, una elegante franela blanca y una llamativa chaqueta roja.

No fue necesario pararla en la entrada de la sala para quitarle las esposas, como a los demás detenidos, porque no las llevaba.

Nos llevarán a tribunales

Aunque por un momento se asomó la posibilidad de que no sería así, los periodistas tuvieron que dejar todas sus pertenencias –incluidos teléfonos celulares– en una sala contigua, bajo el resguardo de los temidos funcionarios de inteligencia. Uno a uno fueron revisados manualmente y también con aparatos, para verificar que no ingresaran ningún dispositivo electrónico.

La sala 6 es un pequeño cuarto sin ventanas, con apenas cuatro bancos a cada lado del pasillo que conduce al estrado. Usualmente permanecen vacíos, porque ni en las audiencias de juicio que deberían ser públicas se permite el acceso a periodistas o público en general. Incluso, en algunos casos, ni siquiera los familiares pueden entrar.

Esta vez había aire acondicionado. En otras audiencias, los presentes deben sacar servilletas para limpiar el sudor de sus rostros y cualquier cosa que tengan a la mano para ventilarse.

Los periodistas ingresaron en los cuatro grupos en los que habían llegado. Solo con papel y lápiz. Merlano tenía las manos cruzadas sobre la mesa y sobaba con su dedo izquierdo la mano derecha. Cada tanto volteaba a mirar a quienes estaban sentados detrás de ella.

La prensa desconocía que la encargada de escucharla, en esta audiencia especial, sería la famosa jueza Carol Padilla, tildada de amiga del régimen. Se descubrió en el momento en el que atravesó el pasillo hacia el estrado.

Cuando Padilla le pidió que pasara al estrado, Merlano comenzó su declaración con voz temblorosa. Los papeles que llevaba en sus manos también temblaban ligeramente. Pero pronto ganó confianza y comenzó a hablar con fluidez. Merlano ofreció su versión como quien busca el apoyo de un amigo, con algunas lágrimas incluidas.

Ni la defensa, ni los dos fiscales presentes hicieron preguntas. La jueza Padilla sí lanzó dos interrogantes, para victimizar aún más a Merlano y ensalzar al régimen de Maduro: si había tenido oportunidad de formular una denuncia como esta en su país y cuáles habían sido las irregularidades de su proceso en Colombia.

La audiencia concluyó unos 45 minutos después de haber iniciado, pasadas las 4:00 de la tarde. La sensación de haber sido usados para un show político aún acompaña a algunos de los periodistas que acudieron a las 10:00 de la mañana al hotel Meliá en búsqueda de información.

REDACCIÓN INTERNACIONAL

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