
MOUNTAIN VIEW, Arkansas — Una misericordiosa brisa vespertina empezó a soplar, ahuyentando el calor de Arkansas y dando alas a las melodías que provenían de dos kioscos en un parque.
En el más grande, una docena de personas tocaban “Barbry Allen” con violines, mandolinas, guitarras, contrabajo, dulcémeles, banjos e incluso un dulce-banjo. En el grupo más pequeño, un violinista bajó su instrumento y, con un bajo claro, comenzó a cantar “I’ve Been Everywhere”, una canción que Johnny Cash hizo famosa.
Mountain View no estuvo electrificado hasta la década de 1930 y no recibió mucha radio hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Incluso décadas después, todavía carecía de ciertos servicios básicos. Ahora, unas 90 mil personas acuden al Parque Estatal Ozark Folk Center cada año, muchas de las cuales visitan Mountain View por primera vez. El centro, que cumplió 50 años este año, es escaparate para artesanos y músicos locales, y cuenta con un teatro para mil personas, que presenta espectáculos, actos itinerantes, bailes “square dance” semanales y “Ozark Highlands Radio”, un programa de variedades que se transmite en más de 100 estaciones en EU.
El centro no queda precisamente camino a alguna parte. “Hay que tener muchas ganas de venir aquí”, dijo Keith Symanowitz, director de promociones del parque.
Aunque la economía de Mountain View depende en gran medida del turismo, el lugar es auténtico. La gente allí vive sus vidas como siempre lo ha hecho. Y muchos de ellos hacen música juntos.
Tres noches a la semana, el Mountain View Meeting Place se convierte en el Club Possum, que presenta a músicos y bandas locales y los transmite en vivo en YouTube y Facebook. La entrada es gratis. El público es una mezcla de local y “de fuera”, como dicen allí. Si bien no hay bar —el poblado está en un condado seco, un hecho que muchos residentes atribuyen a la preservación de su carácter— puedes comprar palomitas de maíz por 1 dólar.
Camine por el pueblo casi cualquier noche y verá y escuchará a músicos tocando en los porches, en el jardín, en los paradores y alrededor del juzgado. Pero con mayor frecuencia tocan en un espacio verde llamado Picking Park, ubicado entre un remolque que vende helados y un bed and breakfast victoriano color rosa. A veces encuentra uno a gente tocando allí en pleno calor del día, pero a medida que cae la tarde salen muchos más a hacer música.
Es posible ver convivencias tan pequeñas como de dos y tan grandes como de 15 personas tocando juntas. Tocan bluegrass, folk, country clásico y gospel. Pero la música que se escucha con más frecuencia es la de bandas de cuerdas de antaño: melodías y baladas que cruzaron el Atlántico en barcos en los siglos 18 y 19. Se trata de personas cuyos antepasados se asentaron en los Ozarks, pero también gente de fuera que viene con sus instrumentos precisamente para hacer esto. Algunos se conocen desde hace décadas, incluso de toda la vida. Otros nunca se habían conocido antes.
No utilizan partituras ni bocinas eléctricas y nunca piden propinas.
“Si eliminaras a todos los turistas, nos perjudicaría a todos económicamente, pero la gente seguiría tocando música en la plaza, porque es por amor a la música. Es simplemente lo que hacen”, dijo Scott Pool, quien con su esposa es dueño de una tienda llamada Mountain View Music.
Por: Richard Rubin
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