Benjamin Netanyahu dice que más gente muere por malnutrición en Estados Unidos que en la Franja de Gaza

El Gobierno de Israel no contempla de ningún modo recolonizar Gaza tras la guerra actual, según dijo este martes el primer ministro Benjamín Netanyahu en una entrevista con la cadena CNN.

El primer ministro, criticado por carecer de un plan preciso para la posguerra, aseguró este martes en esa entrevista que cualquier proyecto de futuro pasa primero por erradicar a Hamás de su último feudo que es la ciudad de Rafah, pero a continuación dio algunas pistas.

Primero, la reconstrucción física del enclave palestino correría a cargo de «los estados árabes moderados y la comunidad internacional», afirmó, sin dar más pistas, aunque aludiendo probablemente a los gobiernos árabes que reconocen a Israel o están en proceso de hacerlo.

A continuación, admitiría «una administración civil dirigida por gazatíes» que además estaría desmilitarizada, siempre que no fuera hostil a Israel.

De esa futura administración excluyó tanto a Hamás como a la Autoridad Palestina (que gobierna Cisjordania), pues esta última «busca la destrucción de Israel por los terroristas: cuantos más judíos matas, más dinero te dan».

Palestinos huyen de Rafah con destino a Jan Yunis tras la orden del ejército israelí.

Foto:AFP

Netanyahu, bajo presión

Las declaraciones de Netanyahu se producen poco después de que dos de sus ministros lo amenazaron con abandonar la coalición de gobierno si este no diseña un plan para el día después de la guerra en el enclave palestino.

​La cúpula del poder israelí está dividida sobre el estatuto de la Franja de Gaza después de la guerra, en momentos en que el Ejecutivo afirma que está librando una «batalla decisiva» para destruir al movimiento palestino Hamás.

Pero el hecho de que, tras más de siete meses de guerra, combatientes de Hamás se hayan reagrupado en el norte de Gaza, donde Israel había asegurado que el grupo había sido neutralizado, provocó disensiones dentro del gabinete de guerra israelí.

El sábado, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, fue duramente criticado por el ministro Benny Gantz, miembro del gabinete de guerra, que amenazó con dimitir si el mandatario no aprueba un plan para la posguerra en la Franja de Gaza.

Antes, esta semana, el ministro de Defensa, Yoav Gallant, también había atacado a Netanyahu por no planificar cómo estará gobernado el territorio palestino después del conflicto.

El rechazo frontal del primer ministro a que se establezca un gobierno palestino en Gaza después de la contienda abrió una brecha entre los políticos y socavó las relaciones con Estados Unidos, principal aliado de Israel.

¿Una normalización de relaciones con Arabia Saudí?

Además de este asunto, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, dijo el martes no estar seguro de que Israel esté dispuesto a hacer concesiones para llegar a un acuerdo de normalización de relaciones con Arabia Saudí, particularmente en el punto de la creación de un Estado palestino.

El análisis de Blinken se da luego de que Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional del presidente Joe Biden, visitara ambos países e informara al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sobre el «potencial» de un acuerdo histórico.

Joe Biden y Benjanmin Netanyahu.

Foto:Archivo Particular

Pero Blinken reconoció que existen dudas sobre si Netanyahu y su Gobierno de extrema derecha cumplirían con las solicitudes saudí.

«No puedo decirles si Israel -sea el primer ministro o el país en conjunto- está preparado para hacer lo necesario en este momento para realmente lograr la normalización» de las relaciones, dijo Blinken a un comité del Senado.

«Porque eso requiere el fin de (la guerra en) Gaza y un camino creíble hacia un Estado palestino», dijo.

Tanto Netanyahu como el entonces presidente estadounidense, Donald Trump, elogiaron como un logro emblemático la normalización en 2020 de las relaciones de Israel con tres estados árabes: Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Marruecos.

En todo caso los líderes estadounidenses e israelíes ven la normalización con Arabia Saudita como un botín mucho mayor, pues el reino del Golfo es el guardián los dos lugares más sagrados del Islam.

Los sauditas, sin embargo, a cambio de un acuerdo quieren garantías de seguridad de Estados Unidos y avances hacia la creación de un Estado palestino, una idea que Netanyahu rechaza desde hace años.

El impulso de Biden con Arabia Saudita se produce pese las críticas de ciertos sectores de su Partido Demócrata y de la promesa que el mismo presidente hizo como candidato de tratar como un «paria» al príncipe heredero Mohamed bin Salmán, criticado internacionalmente por presuntas violaciones de los derechos humanos.

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