‘Vamos a decidir en qué Europa queremos vivir’: el viejo continente va a las urnas con la balanza inclinada hacia la derecha

Son 370 millones de europeos mayores de 18 años (de 16 años en Austria, Bélgica y Malta) los que elegirán entre hoy y el domingo la única asamblea transnacional del planeta que se decide por sufragio directo: los parlamentarios de la Unión Europea.

​(Lea aquí. ¿Qué tan grande será el giro a la derecha del nuevo Parlamento Europeo y qué implicaciones tendrá?)

Las elecciones servirán, según la presidenta del Parlamento Europeo, la maltesa Roberta Metsola, “para decidir en qué Europa queremos vivir”.

Los europeos no votan listas continentales, por lo que las “elecciones europeas” son en realidad 27 elecciones nacionales. Pero una vez elegidos, los eurodiputados no se sentarán en el Parlamento Europeo en grupos nacionales sino ideológicos. Los mandatos son de cinco años y la Eurocámara no se puede disolver, tampoco en período electoral. Los eurodiputados salientes lo son hasta el mismo día en que toman posesión los entrantes.

Se eligen 720 eurodiputados: 96 alemanes, 81 franceses, 76 italianos, 61 españoles, 53 polacos, 33 rumanos, 31 holandeses, 22 belgas, 21 griegos, checos, suecos, portugueses y húngaros, 20 austríacos, 17 búlgaros, 15 daneses, finlandeses y eslovacos, 14 irlandeses, 12 croatas, 11 lituanos, 9 eslovenos y letones, 7 estonios y 6 chipriotas, luxemburgueses y malteses. Es un sistema conocido como “proporcionalidad decreciente”, porque si se hiciera puramente por población habría 160 alemanes por cada luxemburgués.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Foto:Bloomberg

La elección es el primer paso en la reconfiguración del poder de las instituciones que forman la UE. Tras esa decisión ciudadana, los dirigentes nacionales se reunirán el 28 y el 29 de junio en el Consejo Europeo. Si hay acuerdo, de ahí saldrá el pacto político para elegir a los altos cargos del bloque, un complejo juego de equilibrios regionales, ideológicos y de género que debe tener en cuenta el resultado electoral.

Las principales familias políticas de esta última legislatura fueron la conservadora (176 escaños), la socialdemócrata (139), la liberal (102), la ecologista (72), dos de extrema derecha (69 y 49), los antiguos comunistas (37). Sin grupo quedaron 61 hasta sumar 705, aunque se habían elegido 751, pero una parte se redujo tras la salida definitiva de los británicos por el brexit.

Sede del Parlamento europeo.

Foto:Stephanie Lecocq. EFE

¿Cómo va a quedar conformado el Parlamento Europeo?

Los sondeos aseguran que los conservadores están muy cerca de repetir resultado, que los socialdemócratas subirán muy poco, que liberales y ecologistas bajarán hasta una cuarta parte y que las dos extremas derechas crecerán. Juntas, porque discuten su unión, podrían ser la segunda fuerza europarlamentaria.

Si su subida no es mayor de lo que prevén los sondeos, la mayoría seguirá formándose alrededor de una gran coalición europeísta que deberá reunir a conservadores, socialdemócratas, liberales y ecologistas.

Para formar un grupo deben cumplirse dos requisitos: que tenga un mínimo de 23 miembros y que en él estén representados al menos siete Estados miembros.
Tras tomar posesión de sus cargos, a mediados de julio se irán de vacaciones y volverán la última semana de agosto, cuando empezarán su labor. Lo primero que recibirán será la lista de las 27 personas que formarán la Comisión Europea en los siguientes cinco años. Cada una, de un Estado miembro y nombrada directamente por su gobierno.

Todas ellas deben pasar una audición ante un comité del Parlamento Europeo, que deberá darles de uno en uno su visto bueno. Cuando termina ese proceso, el pleno debe votar por mayoría absoluta (361 votos favorables) al conjunto de la nueva Comisión Europea.

El ministro de Asuntos Exteriores saudita, el príncipe Faisal bin Farhan (izq.), y el jefe de política exterior de la UE, Josep Borrell, asisten a la reunión especial del Foro Económico Mundial en Riad el 28 de abril de 2024.

Josep Borrell.

Foto:AFP

Si su subida no es mayor de lo que prevén los sondeos, la mayoría seguirá formándose alrededor de una gran coalición europeísta que deberá reunir a conservadores, socialdemócratas, liberales y ecologistas.

El Parlamento Europeo ha ido asumiendo poco a poco más funciones desde sus inicios como Asamblea Parlamentaria no electa, sino formada con diputados nacionales. Su elección por sufragio universal empezó en 1976, y su peso político nunca dejó de aumentar. No es un Parlamento al uso porque no tiene iniciativa legislativa. Puede proponer a las otras instituciones del bloque que legislen sobre esto o lo otro, pero no arranca los procesos. Sí es el que debe dar el visto bueno final a toda la legislación del bloque. El aumento de competencias de la Unión Europea, que va extrayendo a los gobiernos y parlamentos nacionales, hace así que su papel sea muy importante.

Tres semanas después de las elecciones, los dirigentes nacionales se reunirán en Bruselas para elegir a los altos cargos del bloque. La elección de la presidencia de la Comisión Europea, que ejerce como brazo ejecutivo del bloque, es esencial porque es la institución que tiene la iniciativa legislativa. Los líderes hacen esa elección por mayoría cualificada (55 % de Estados miembros que representen al menos al 65 % de la población).

La alemana Ursula von der Leyen es la favorita para renovar por otros cinco años. Sin ella, suenan nombres como el del ex primer ministro italiano y expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y los actuales primeros ministros Kyriakos Mitsotakis (griego) o Donald Tusk (polaco).

Excepto Draghi, que no tiene filiación política clara, los demás son todos del Partido Popular Europeo (derecha), porque se entiende que la primera fuerza política tiene derecho a reclamar ese puesto. Con esa silla ocupada, la segunda en importancia es la de la presidencia del Consejo Europeo, que ahora ocupa el liberal belga Charles Michel. Los socialdemócratas la reclaman (y deberían obtenerla) para el expremier portugués Antonio Costa o la premier danesa, Mette Frederiksen.

Si se respeta la tradición, el tercer cargo en importancia, el del alto representante para la Política Exterior, que ahora tiene el hispanoargentino Josep Borrell, sería para la tercera familia política. Los liberales intentarán reclamarlo para que no caiga en manos de la extrema derecha.

IDAFE MARTÍN PÉREZ – PARA EL TIEMPO – BRUSELAS

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