Los desafíos que plantea el crecimiento del islam en el Reino Unido

Según una encuesta de Ipsos-Mori, en el Reino Unido, el país donde nació la religión anglicana, la cantidad de personas que se identifican como cristianas cayó del 71% en 2001 al 46 % en 2021. Al mismo tiempo, aquellos que se definieron como “musulmanes” aumentaron del 4,9 % (2,7 millones) en 2011 al 6,5 % (3,9 millones) de la población en 2021.

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Y en las proximidades de los comicios generales del 4 de julio, el dato comienza a tener también incidencia electoral con un creciente número de islámicos en cargos públicos.

Las divisiones religiosas se agudizaron luego del comienzo de la guerra entre Israel y los palestinos en octubre pasado, y muchos denunciaron que esos enfrentamientos eran una amenaza a los valores británicos de aceptación de la diversidad e integración.

La doctora Parveen Akhtar, del Departamento de Política, Historia y Relaciones Internacionales (PHIR) de la Universidad de Aston, Birmingham, señaló que “los casos de islamofobia y también de antisemitismo aumentaron luego del ataque del 7 de octubre del grupo terrorista Hamás en Israel”.

Robin Simcox, comisionado para la Lucha contra el Extremismo en el Ministerio del Interior del Reino Unido, denunció en marzo pasado que la alcaldía de Londres había permitido que, durante las protestas por la guerra en Gaza, “la ciudad se convierta todos los fines de semana en una zona prohibida para judíos”. Por su parte, el número dos del Partido Conservador, el legislador Lee Anderson, también afirmó que “los islamistas tomaron control de Londres… y del alcalde Sadiq Khan”.

Sobre esas mismas protestas contra la guerra en Gaza, la periodista Melanie Philips, autora del libro Londonistan: How Britain Is Creating a Terror State Within (Londonistán, cómo Gran Bretaña está creando un Estado terrorista en su interior) advirtió que “Occidente se está mostrando vulnerable frente al radicalismo islámico. Europa está presenciando un llamado de los musulmanes a una yihad global y las autoridades aún se equivocan al no tomarlo seriamente”. En este clima de tensión, islámicos y judíos denuncian crecientes agresiones a sus comunidades.

Como principal agencia de seguimiento de los delitos de odio contra islámicos, Tell MAMA (Measuring Anti-Muslim Attacks) registró más de dos mil casos contra los musulmanes en los cuatro meses que siguieron a los mortales ataques terroristas de octubre pasado. Este es el mayor número de casos registrado en cuatro meses, desde que Tell MAMA se fundó en 2011.

En el caso de los incidentes antisemitas alcanzaron un nivel récord el año pasado, según cifras de Community Security Trust (CST), la organización no gubernamental judía que monitorea estos ataques. El registro informó de 4.103 incidentes de odio antijudíos en 2023, frente a 1.662 en 2022 y casi el doble del récord anterior de 2.255 en 2021.

Así, los expertos estiman que, aunque estadísticamente la fe juega un rol cada vez menos importante en la identidad personal y nacional, el creciente número de británicos que ven como amenaza a los grupos religiosos que practican un credo diferente del suyo plantea un enorme desafío a la cohesión social de Gran Bretaña en el futuro.

¿Qué es entonces la identidad nacional? ¿Qué importancia tiene en ella la religión y sus costumbres? En tiempos en que las inmigraciones masivas desde naciones sin lazos culturales van cambiando el perfil de muchos países, la cuestión de la identidad preocupa a los grupos nacionalistas, pero también es debatida por los sociólogos.

Otro dato estadístico que algunos ven como una tendencia hacia el futuro es que el promedio de hijos por mujer musulmana es de 3, mientras que el de las británicas no musulmanas es 1,8. De todas maneras, los demógrafos destacan el fenómeno que se produce en otros países europeos, donde en las sucesivas generaciones de familias islámicas la tasa de nacimientos tiende a equipararse con la del resto de la población.

El islam tiene una larga historia de presencia en el Reino Unido, especialmente desde mediados del siglo XIX. A medida que el Imperio británico fue creciendo, particularmente en la India, pasó a gobernar territorios con muchos habitantes musulmanes que emigraron a las islas. Hoy, en el país donde en 1534 el rey Enrique VIII dio comienzo a la Iglesia anglicana, hay unos 16.000 templos de esa denominación cristiana, 3.200 templos católicos y 1.800 mezquitas.

Aunque el Reino Unido no está precisamente entre los países con mayores niveles de xenofobia ni islamofobia, si se lo compara con otras naciones europeas, ese crecimiento comenzó a ser foco de atención desde hace algunos años por el auge de grupos aislacionistas entre los creyentes islámicos.

Un informe de 2020 denunció que “grupos musulmanes están creando naciones dentro de naciones” en Occidente. Pero lo más llamativo es quién firmó ese reporte: el exjefe de la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos de Gran Bretaña (EHRC), Trevor Phillips.

Este líder laborista no criticó obviamente al islam en sí, pero habló contra aquellos musulmanes que tienen valores muy diferentes del resto de la sociedad y quieren llevar vidas separadas. En ese sentido, Phillips abogó por un seguimiento atento de las poblaciones de minorías étnicas en las urbanizaciones, para evitar que se conviertan en “pueblos gueto”. De hecho, se mostró partidario de fijar porcentajes máximos de minorías étnicas en las escuelas para favorecer la integración racial.

Las declaraciones de Phillips tomaron relevancia porque él mismo, cuando presidía la comisión que lucha por la igualdad en el Reino Unido, entre 2003 y 2012, fue de los primeros que denunciaron los riesgos de la “islamofobia”. “Hace veinte años, cuando publiqué el informe titulado ‘Islamofobia: un desafío para todos nosotros’, pensábamos que la amenaza real tras la llegada de nuevas comunidades era la discriminación contra los musulmanes”, escribió en su texto más reciente.

Pero denunció que en la actualidad “una minoría significativa de los cuatro millones de musulmanes de Gran Bretaña nos consideran a los británicos una nación de tan baja moral que preferirían vivir separados de sus compatriotas no musulmanes, preferiblemente bajo la ley sharia (…). Hay una lucha de vida o muerte por el alma del islam británico, y esta no es una batalla que el resto de nosotros podamos permitirnos dejar de lado. Necesitamos tomar partido”, afirmó.

Este último texto le significó a Phillips la expulsión temporaria del Partido Laborista durante más de un año. Luego fue reintegrado, aunque nunca se retractó de sus declaraciones. Este debate se da en un país con un reconocido respeto por la diversidad: el actual primer ministro, Rishi Sunak, es de religión hindú, y desde 2016 el popular alcalde de Londres, capital y ciudad más poblada del reino, Sadiq Khan, es precisamente islámico.

Cuando se postulaba para el cargo, Khan incluso advirtió en su campaña sobre el impacto positivo que podría tener en aquel momento su triunfo unos diez años después del sangriento atentado de 2005 que dejó 56 muertos en el metro de la ciudad y fue reivindicado por grupos islámicos. Dijo en 2016: “¿Qué tipo de mensaje se enviaría al mundo si los londinenses tuvieran la confianza, la tolerancia y el respeto para votar por alguien de una fe diferente a la de la mayoría de ellos? Soy londinense ante todo, pero eso mostraría a los que odian qué clase de país somos: un faro”.

En las últimas elecciones municipales de mayo pasado, la líder islámica Shahin Ashraf también fue elegida por sus pares concejales en una votación indirecta como la nueva alcaldesa del municipio de Solihull, en West Midlands, Inglaterra. “El hecho de que Shahin use un hiyab significa que se la reconoce fácilmente por su fe, pero eso no la define”, dijo el líder del grupo Verde, Max McLoughlin, al nominar a Ashraf.

Lubna Arshad ya había hecho historia el año pasado en Oxford (Inglaterra) como la primera alcaldesa de esa ciudad que era de color, islámica y la más joven en asumir el cargo.

La identidad nacional

Pero los sociólogos debaten entonces qué valores hacen la identidad nacional de un país y qué peso tiene la religión. “La identidad nacional no es una constante. Evoluciona y cambia a lo largo del tiempo. Así, por ejemplo, la religión puede desempeñar un papel fundamental en la identidad nacional en una época determinada y ser significativamente menos importante en otro momento”, señaló la doctora británica Parveen Akhtar.

“El Reino Unido es un país cristiano, donde el monarca, el rey Carlos, es también el jefe de la Iglesia de Inglaterra. Sin embargo, si nos fijamos en los datos del censo, menos de la mitad de la población se describió como cristiana, y el porcentaje de personas que no se identifican con ninguna religión ha aumentado del 25 % en 2011 al 37 % en 2021. Entonces, la tendencia sugiere que está creciendo el número de británicos para los que la religión no es parte significativa de su identidad personal y tampoco nacional”, agregó la politóloga.

 El gran peligro que advierte por su parte la comunidad islámica es la asociación frecuente de su religión, uno de los tres grandes credos monoteístas, con los grupos violentos y aislacionistas, un fenómeno que no se había dado en el Reino Unido cuando separatistas católicos y unionistas protestantes realizaban cientos de atentados terroristas durante el conflicto armado en Irlanda del Norte.

Lo cierto es que dentro del islam hay minorías del salafismo y el wahabismo que en muchos casos buscan reemplazar al Estado británico por un califato –por ese motivo fue prohibido por ejemplo en enero pasado en el Reino Unido el grupo Hizb ut-Tahrir–, que no se identifican como británicos.

RUBÉN GUILLEMÍ 

LA NACION (ARGENTINA) – GDA

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