¿Por qué la derecha populista se estrella una y otra vez en Europa? / Análisis de Mauricio Vargas

“Entusiasmo en París, decepción en Moscú, alivio en Kiev. Suficiente para estar contentos en Varsovia”. Con ese mensaje en la red X el domingo en la noche, el primer ministro polaco, el centrista Donald Tusk, saludó los resultados de las elecciones legislativas francesas, donde la derecha populista no sólo fracasó en su intento por alcanzar la mayoría absoluta y obligar al presidente Emmanuel Macron a cederle el manejo del gobierno, sino que quedó relegada al tercer lugar, detrás de la izquierda -que obtuvo más curules que los demás- y del centro macronista, que quedó segundo y salvó los papeles.

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Tusk hacía referencia a los festejos en las calles de París tras el éxito de la operación lanzada una semana antes por Macron, de una alianza tácita entre el bloque de izquierda Nuevo Frente Popular (NFP) y el grupo centrista Ensemble (Juntos) que reúne a los amigos del presidente. 

La estrategia consistió en montar un dique de contención contra el Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen y Jordan Bardella, para la segunda vuelta de las parlamentarias.

Emmanuel Macron.

Foto:Getty Images

En las votaciones para la Asamblea Nacional francés, el sistema electoral tiene una particularidad: cuando en la primera vuelta, en un distrito electoral ninguno de los candidatos consigue más del 50 por ciento de los votos, hay segunda vuelta.

Para esa segunda votación, pasan los dos más votados, así como el tercero si es que consigue más del 25 por ciento del total de inscritos. Eso ocurrió en la gran mayoría de las circunscripciones: quedaron como finalistas un candidato del RN, un macronista y uno de la izquierda, en lo que denominan segundas vueltas triangulares.

Ningún bloque está siquiera cerca de la mayoría absoluta de 289 sillas. Sólo les queda negociar, lo que implica ceder posturas, algo que en la política francesa no ocurre desde hace muchos años

El 30 de junio en la noche, al conocer los resultados de la primera vuelta, Macron había anunciado que allí donde uno de los suyos hubiese clasificado como tercero, se retiraría e invitaría a votar por el candidato de izquierda. 

El izquierdista NFP hizo lo propio: allí donde su candidato hubiese llegado en tercer lugar, se retiraría para apoyar al macronista. De ese modo, en más de la mitad de las circunscripciones, los votos de izquierda y centro se sumaron contra la derecha populista de Le Pen.

La jugada funcionó. Al final, la izquierda obtuvo 182 curules, los macronistas 168 -que con algunos aliados pequeños pueden ser más de 180-, y el RN 143. La centro-derecha de Los Republicanos (LR), que rechaza las posturas anti Unión Europea del RN, consiguió 65 escaños. 

De ese modo, ningún bloque está siquiera cerca de la mayoría absoluta de 289 sillas. Sólo les queda negociar, lo que implica ceder posturas, algo que en la política francesa no ocurre desde hace muchos años.

Tusk hacía referencia a los festejos en las calles de París tras el éxito de la operación lanzada una semana antes por Macron (foto de archivo).

Foto:Arnaud Finistre. AFP

El frenazo en el avance de la derecha populista francesa se suma a los limitados resultados que obtuvieron los partidos de esa corriente en las elecciones al parlamento europeo, hace un mes. 

A pesar del impulso que venían ganando esos sectores en varios países, con duros discursos nacionalistas, y en algunos casos haciéndole guiños a Vladimir Putin con quien comparten su rechazo a la Unión Europea, en las votaciones de inicios de junio no consiguieron más de 150 de los 720 escaños del parlamento continental.

En cambio, la alianza de socialistas y social-demócratas (centro-izquierda), centristas del grupo Renew, y centro-derechistas del Partido Popular Europeo, sumó cerca de 400 curules y revalidó las mismas mayorías con que venían gobernando, en cabeza de la centro-derechista alemana Ursula von der Leyen, que va a ser reelegida como presidenta de la Comisión Europea.

La mano de Vladimir Putin afecto a Le Pen en Francia

El mensaje posteado el lunes en X por el primer ministro polaco Tusk, hablaba de “decepción en Moscú y alivio en Kiev”, la capital de Ucrania. Se refería a un episodio que hizo mucho ruido en Francia y en toda Europa la semana pasada, y que afectó las posibilidades del partido de Le Pen.

En efecto, al RN no le hizo daño solamente la operación electoral de Macron con las fuerzas de izquierda, para bloquear a Le Pen y su gente. 

También las declaraciones racistas y homófobas de algunos de sus candidatos, así como una desatinada propuesta del número dos del partido, Jordan Bardella, en el sentido de no darles acceso a ciertos cargos públicos a los ciudadanos franceses que tengan una segunda nacionalidad. 

Pero, sobre todo, -hay abrazos que asfixian- lo perjudicó un apoyo que vino de Moscú.

El pueblo de Francia busca una política exterior soberana que sirva a sus intereses nacionales y rompa con el dictado de Washington y Bruselas

A inicios de la semana, el ministerio de asuntos exteriores de Rusia metió baza en la campaña francesa. Andreí Nastasín, portavoz del ministro Serguéi Lavrov, publicó en la red X una foto de Le Pen, con un texto muy diciente: “El pueblo de Francia busca una política exterior soberana que sirva a sus intereses nacionales y rompa con el dictado de Washington y Bruselas”.

Este guiño de Rusia sirvió para que los adversarios de Le Pen le recordaran que el banco First Czech Russia Bank, basado en Moscú y cuyo propietario es muy cercano a Putin, otorgó un millonario crédito a la campaña del RN en 2017, cuando Le Pen fue derrotada por Macron, en la primera elección del actual mandatario.

Vladimir Putin, presidente de Rusia.

Foto:EFE

Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania, varios partidos de extrema derecha en Hungría, Polonia, Alemania y otros países, trataron de justificar las razones de Putin para atacar a Ucrania, al decir que la guerra era el resultado de una provocación de Estados Unidos, la Unión Europea y la Otán, la organización militar que une a Washington con sus aliados europeos. 

Pero, además, comenzaron a cuestionar el apoyo, en armas, municiones y dinero, de los gobiernos occidentales a Ucrania. Algunas voces en el RN francés se sumaron a ello.

A todos, en mayor o menor medida, esa postura los afectó. El único partido de la derecha populista que dejó en claro su apoyo a Ucrania, y al respaldo que le han dado a Kiev la UE y la Otán, fue Hermanos de Italia, la agrupación liderada por Giorgia Meloni. 

Y en buena medida gracias a eso, la dirigente ganó las lecciones, pues se ganó a los votantes conservadores que se sentían atraídos por sus propuestas, pero que ven a Putin como un enemigo de Europa y de la democracia.

Una vez convertida en jefe del gobierno en 2022, Meloni mantuvo su posición pro-Ucrania y anti-Putin. Además, ha marcado distancia con Le Pen, con la extrema derecha alemana y con el gran aliado del Kremlin en la UE, el primer ministro de Hungría, Víktor Orbán.

A una amplia franja de electores, les atrae el discurso anti-inmigración de Le Pen y Bardella, porque están convencidos, con o sin razón, de los riesgos que esa inmigración implica (…) A la vez, a esa franja de votantes le asusta que la derecha populista tenga nexos con Putin

“A una amplia franja de electores, les atrae el discurso anti-inmigración de Le Pen y Bardella, porque están convencidos, con o sin razón, de los riesgos que esa inmigración implica”, le dijo a EL TIEMPO una fuente diplomática europea que, no obstante, agregó: “A la vez, a esa franja de votantes le asusta que la derecha populista tenga nexos con Putin”.

Según datos oficiales, el RN perdió medio millón de votos entre la primera y la segunda vuelta. 

El lunes al mediodía, el diputado Bruno Bilde, muy cercano a Le Pen, invitó a su partido a un examen de conciencia: “No podemos seguir así, estamos obligados a darles seguridades (a los votantes), pero hemos tenido (entre los candidatos) algunos perfiles divisivos, incluso algunos muy inquietantes”, todo ello en referencia a los que plantearon discursos racistas o hicieron críticas al apoyo de Francia a Ucrania.

Una larga negociación

El bache en el ascenso del RN, el partido que hace pocos días apuntaba a conseguir la mayoría absoluta, deja una Asamblea Nacional dividida en tres bloques más o menos parejos, incapaz cada uno de gobernar solo, y con el agravante de estar todos muy poco inclinados a la negociación política.

El RN quiere consolidarse como oposición, y esperar que eso aumente sus opciones de victoria en las presidenciales de 2027, pues a pesar de su retroceso en segunda vuelta y de quedar lejos de la mayoría absoluta, obtuvo 10 millones de votos sobre un total de 29 millones. 

La izquierda del NFP está atada a un programa radical que, según sus principales líderes, no es negociable. Y en el centro, los macronistas miran a izquierda y derecha, y no encuentran con quien sentarse a discutir una eventual coalición.

En cuanto al presidente, Macron se jugó una apuesta de altísimo riesgo al disolver la Asamblea hace un mes, y convocar elecciones, y logró salvar los papeles. Como explicaba este lunes el analista de El País de Madrid, Marc Bassets, Macron salió “magullado”, pero vivo y “será decisivo para una posible gran coalición de Gobierno”.

La primera Ministra italiana Giorgia Meloni y el primer Ministro húngaro Viktor Orban.

Foto:EFE

El primer ministro saliente, Gabriel Attal, le presentó el lunes su dimisión. Macron le dijo que, por ahora, siga en el cargo para asegurar el funcionamiento del gobierno, pues en 18 días arrancan los Juegos Olímpicos. 

El mandatario sabe que la interinidad puede durar semanas: aún si el bloque de izquierda -el de más curules- presenta a un candidato a primer ministro, no tendría apoyo mayoritario en la asamblea.

Otros, como la diputada macronista Yaël Braun-Pivet, plantean “un bloque centrista”, entre el macronismo, la derecha moderada de LR y el Partido Socialista, el menos radical de la izquierda, algo similar a la alianza que controla, con mayoría absoluta, el parlamento europeo. Pero, LR ha dicho que no negociará coaliciones, y los socialistas han prometido ser fieles a la alianza de izquierda.

El 18 de julio se instala la nueva Asamblea Nacional y sólo entonces aparecerán las primeras pistas de lo que puede pasar en Francia. Lo único claro es que, en algún momento, las diferentes fuerzas tendrán que abrir negociaciones, como ocurre, con éxito, en varios países vecinos acostumbrados a los gobiernos de coalición, como Italia, Alemania, Bélgica y Países Bajos.

El lunes, en la cadena de televisión LCI, el exministro Francois Bayrou, líder del MoDem, una de las tres fuerzas del macronismo, sentenció: “El mensaje de los electores es un rechazo a una manera de gobernar los unos contra los otros, que hemos practicado por años, y una invitación a pasar a una forma de trabajar juntos, los unos con los otros”.

MAURICIO VARGAS

Analista Senior 

EL TIEMPO

mvargaslina@hotmail.com /Instagram @mvargaslinares

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